viernes, 11 de mayo de 2012

Excurso


Véase estudio preliminar de Borges a Los héroes de Carlyle

Si no respetan las ideas, es porque no conocen la encarnación de ciertas ideas de Carlyle.
El ser humano debe estar todo el tiempo pensando en las ideas.
Porque es lo primero.
Los actos vienen luego.

El sol todo

Salió el sol y me encandiló su luz en todas partes, en la helada de la mañana, todavía medio graisácea, en el verde de las plantas con sus gotas de agua, en la retina que se había olvidado –poco memoriosa-, de la premisa nazarena de hacerse pequeño, tan pequeño como para pasar por la cicatriz de la aguja. Soy feliz en la introspección y en la naturaleza, eso nada podría cambiarlo. No sirvo para la sociedad. Y en algún rincón del más horrible fondo, es un orgullo. También normal; porque hay mucha más sabiduría en el todo que en el individuo.

El orgullo intelectual, dijo Tardewski, es lo último que se pierde

Si el que escribe no escribe por los demás y para los demás; si el que escribe no puede tener en su escritura el amor; Si no puede tener el amor en la filsofía de su pensamiento ni en la poesía de su literatura; entonces, no es un escritor que valga la pena. No se quejen de que el escritor sea escritor, porque el verdadero escritor da su vida por la humanidad, como Jesús. Por eso la literatura, sea verdadera, mitológica, o religiosa, siempre es una metáfora de la realidad. En realidad, todo el mundo da la vida con lo que hace y con lo que piensa. Y sin cada germen de este hermoso pantano, el escritor no podría pensar. Porque el hecho de que decida pensar, es porque piensa que existe quien entiende. El problema es cuando los oídos son solo ornamentos, dijo Jesús.

Infinita paradoja de la lengua

Si escribiera en un policial sobre un detective en una biblioteca, en el escritorio de un hombre culpable de no haber hecho nada en toda su vida, buscaría en los anaqueles, que los escritores siempre dejan la evidencia ahí.

El principio y el aventurado fin de la novela


Su apellido era Beau, muchos le decían Bo, pero los que no lo conocían, cuando tenían que nombrar su apellido –como en el registro civil-, le decían Beau, y no sabían que era bello, beautifull; Bo, fonéticamente. Argentino. Hijo del hombre. Detective de un escritor. Parecido al detective Dale Cooper. Que sigue y termina esta saga, esta novela. Este relato corto que contiene uno muy largo. Para terminar de leerlo, tienen que remitirse a la serie; trasladarse en el tiempo, o comprar alguna temporada.

Do

Mis dedos están nerviosos. Hay algo que quiere salir de mí. Mis dedos están muy nerviosos, hay algo que quiere salir, y tiemblo, como si fuera a morir, o a explotar. Quizás sea el frío. O quizás sea el vicio. No en el sentido moralista. En el espacio, que está siempre viciado de humo. Ese humo espiritual de peyote en guanacache, con los indios Jarmusch.

Do

La nave. La neige, la nieve. La capa de piel que sostiene aquel espíritu que intenta explotar. La terminación de las uñas. El fondo del cielo, el hielo, la helada. La punta de los dedos que rozan las cosas para seguir clasificando. El texto. La textura del papel de diario. La vida diaria que se consume, como si el tiempo fuera fuego. Las horas como letras, cayendo, en otoño, en el diario, teclas y pantallas como materia, espíritu como espíritu.

el tiempo cuando todos duermen

Por eso llamamos a la verdad sólo hasta donde conocemos, sabiendo, sin embargo, que la verdad, es incognoscible, ¡y qué mejor sería decir que la verdad no existe más que para uno mismo! Y aún así, su existencia es tan mutable como las estaciones.
Si este axioma es considerado, aunque un poco confuso, como cierto, sería una pauta de que no puede existir una verdad que pueda ser compartida. Que sólo existe para uno. La verdad, como idiosincracia, es un abanico inmenso muy personal. Ahora bien, si usted comparte todo lo dicho, estaría abalando una verdad. Pero esa verdad ya es suya, no mía. Por eso, uno nunca puede verse involucrado con una verdad: no hay otro que la conozca puramente, sólo conocerá un esbozo lingüístico, musical o plástico. Y ese esbozo, al ser lo que percibe otro, forma parte del ser de ese otro. 
Pero el mundo está lleno de fariseos (En el sentido que le atribuyó Jesús. Personalmente, no conozco ningún fariseo. Hablo desde una verdad que, por no ser mía, no es verdad, aunque sí posibilidad de verdad en mí, porque al percibir eso, yo soy el hijo del hombre)

el tiempo en que todos durmen

Hay algo mágico en las oscuras horas de la mañana: Que todos duermen. Que no existo más que yo. Si cada uno es el centro de su universo, ¿cómo quieren que el hijo del hombre no sea egocéntrico?, ¿cómo pueden mirar el ego con desprecio?

lunes, 16 de abril de 2012

El silencio

En este mundo reina la palabra;
más allá de este reino,
reina el silencio.

Tratar de evocar el silencio es interrumpirlo,
tratar de callarlo es imposible;
porque el silencio siempre está debajo de todo,
esperando para cubrirlo.
Al silencio todo vuelve,
el hombre, ¡la vida!,
-que se afanan en negarlo,
porque le temen lo mismo que a la muerte-
apenas si logran taparlo.

El hombre descansa en silencio,
porque la muerte no es más que
el silencio absoluto de la nada.
El todo, la vida y el ruido;
el logos, la palabra, el verbo:
es lo que está cerca.
Hablar del más allá es iluso,
mucho más sensato es callar.

Porque el infantil bullicio infernal
-y las trompetas de los ángeles-
son el falaz engaño del nefasto orgullo
del que quiere verse magno,
del que busca un propósito divino.
¿Por qué el hombre no se da cuenta
que no hay nada más grande que la nada,
nada más absoluto que el silencio,
nada más hermoso que el descanso?

En este mundo reina la palabra;
más allá de este reino,
reina el silencio.

miércoles, 11 de abril de 2012

Contador sin público

Quiso se contador y estudió contabilidad. Terminó la carrera y se dio cuenta de que no quería contar números sino contar historias, pensamientos, cuentos. Se propuso contar y dejó de contar los días. Y dejó de contar los billetes, porque no había. Ahora, como contador, solamente puede contar con vos. Porque, por sí sólo, no puede asegurar que las cosas que cuenta sean contables.

martes, 27 de marzo de 2012

Carpe diem, el presente puro e inconsciente de la manzana

Un hombre se enteró de que su mujer le era infiel. La increpó y la mujer se defendió como si fuera abogada.
El hombre le dijo:
“Cómo podés traicionar todo el amor, la felicidad, que tenemos. Cómo pudiste arruinarlo todo.”
Entonces, la mujer, muy segura, decía:
“Te amo. Te voy a explicar, por favor, no te vayas. Nunca traicioné el amor que te tengo. Te hubiera traicionado si hubiera pensado, en el momento en que aquel hombre me abrazaba, que llegarías a enterarte y que dañaría nuestra relación. Pero no. En ese momento, te lo juro, no pensaba en nada. Era como si no existieras, como si no existiera ni el pasado ni el futuro. Solamente existía el presente.
”Y aunque no comulgaba con Horacio en forma consciente, el presente era un calor en todo mi cuerpo y un cuerpo que me pesaba. Sus ojos –ay culpables-,  el abismo donde no veía. Yo te aseguro que era tanto el calor, que no me funcionaba la mente.
”Mi amor, si en ese momento no te conocía, si solo existía el momento, y nada ajeno a él era existente, ¿cómo podría haberte traicionado? ¿Puede ir a prisión el que sueña? ¿Acaso no se perdona al recién nacido cada vez que se hace encima?”
Y dijo:
“Solamente soy culpable de aprovecharme demasiado del presente.”

El hombre había escuchado. Pensaba en Eva dirimiendo con Dios. En Adán, que esperaba la resolución. En la concepción inmaculada de Sara, de María. Había imaginado a Freud escuchando la conversación, mirando –con su pipa en la boca- a Horacio –con el torso desnudo lleno de músculos, con su barba retórica- envolviendo a su mujer con los brazos, como el protector de las llamas de la gehena que había alrededor. Y en una abstracción daliniana, vio un útero pegajoso, sintió calor y humedad y escuchó su propio jadeo. Entonces, su virilidad la atravesó completa, como empalada, y la carne cruda y molida brotó de su boca.  
-¡Inconsciente! –le gritó su mujer-, eso duele.

Agüita


El agua es vida.
Yo tomo tanta agua
que estoy lleno de ella.
El que no toma agua se seca
de la misma manera que se seca la planta.
Hay que inundar el estómago con el río.
Y secarse el cerebro con el viento.
Y llenarse de frío.
Y llenarse de sol,
hasta que la piel se prenda fuego.

sábado, 24 de marzo de 2012

La esencia sutil


Y sobre todo,
¿hay un tono?
¿Hay una voz,
como la voz aquella
que clama
en el desierto?

Son preguntas confusas:
Paradojas.
Metáforas bíblicas,
Escrituras.
Palabras, vida.

¿Hay un verbo?
Y, si hay,
¿puede ser escuchado?;
¿puede escuchar algo
como las patéticas
plegarias de un Job?
No puede.

Pero son metáforas bíblicas:
preguntas irresolutas,
preguntas del hombre,
cuestiones paradójicas.
Escrituras, palabras:
Vida.

La necesidad de decir
-“No es la carne”-;
y la necesidad
de ser escuchado.
Para ser “Yo”,
que
-en el hinduismo-
es lo mismo
que decir
Dios.

Y dice:
Upa, Nishad,
“aquella alma viviente
es reconocida
como la centésima parte
de la punta de un cabello…
dividido cien veces.
Y, sin embargo,
es infinito.”

Al menos, ellos saben
que hablan de lo mismo.

Poesía metafísica


El árbol y su fruto

Uno va enfocando algo;
hasta que algún día le apunta
-como apuntalaban en el medioevo-
y transforma eso que enfocaba
y lo empieza a abrazar y a querer.
A la larga, querrá tirarlo a la mierda.

Es pulsión

Porque la satisfacción humana
no es más que una ilusión.
Porque no irá
contra su naturaleza.
Porque es vil
la nefasta esperanza
de que en otro lado
sea mejor.

Un parto

…y lo cambiará
por otro.
Lo cambia por otro algo
-otro pensamiento, otra materia-,
lo cambia; pero no lo tira.
Lo tira, pero en un lugar
que no pueda olvidar.
Y retiene,
si no el recuerdo,
la cercanía;
si no la enseñanza,
algún espíritu;
si no el espíritu,
algo espiritual:
la leche.

Así…

El hombre dice:
“En vez de desecharlo,
lo dejo por ahí tirado.
Porque está claro:
puedo necesitar
de aquel algo
-alguna vez-
y volver a enfocarlo”.

Lo bueno

Lo bueno es que el hombre
siempre mejora lo que toca.

martes, 20 de marzo de 2012

Las canchas vacías

Groucho Marx dijo que no ingresaría a ningún club que lo admitiera como socio. Está claro que Groucho siempre tuvo por objeto la paradoja como herramienta del sarcasmo. Porque el hombre que dice “ingresaría a un club”, es un imbécil. Porque el credo filosófico solamente puede ser de uno. Algunas facetas, de las infinitas facetas del credo, pueden ser compartidas por otros, pero sería prácticamente imposible que toda la idiosincracia de un individuo, sea la misma que la de un grupo de individuos. Uno no debería poder decir soy peronista o soy de las farc o soy demócrata o soy liberal o soy radical o soy kirchnerista o soy cristiano o soy mahometano o soy de huracán tres arroyos, porque de cada uno de esas agrupaciones podría rescatar algunas cosas, y condenar otras. Ni siquiera es posible entre dos. Y así, hasta el amor es dudoso. Y por eso la divinidad se terminó pensando una: Dios no podría discutir, disgredir, dirimir, discrepar con otro. Y por eso la discordia se dá más allá de uno. Por eso, ni la religión, ni la ley ni la sociedad, pueden ser absolutas, sino más bien repletas de falacia y deformidad. El hecho de que las entidades sociales existan, es una prueba del conformismo más necio al que estámos condenados los hombres. Porque el aislamiento absoluto es imposible ya desde el acto sexual, desde la gestación, desde la lactancia. De allí que la metáfora bíblica de la manzana tenga que ser interpretada por medio de este matiz tan negativo: el castigo es la discordia, la necesidad de ser más de uno, el sexo, que tanto llama a la carne. Pero está claro que la manzana debería ser la creación misma del hombre, porque el hombre tiene que haber sido creado con esta condena. De lo contrario, no hubiera sentido nunca la necesidad de coger la manzana de Eva.

viernes, 16 de marzo de 2012

El arte



Si logramos escuchando un canto
emocionarnos tanto
como al contemplar un árbol,
no descrean tanto del hombre creador,
porque no hay materia:
todo lo va creando
un sueño.
A tal punto es así,
que uno no puede decir
si el sueño es de uno,
o de cada uno.   

Yahvé y Barrabás


Barrbas
Barr’ bas
Barra bas
Barraba bas
Bar bas

(Ba. 17, 35)

sábado, 3 de marzo de 2012

La voz en el desierto (el artículo tercero)

A la comunidad científica de la lengua, quiero llamar a convocatoria, para la comunicación de algunos parámetros que son viejos, y al mismo tiempo nuevos. Porque si los otros no me oyen, ¿a quién voy a llamar? Señores, ¿cómo voy a existir? ¿Se puede existir sin el verbo? Eso significa verbo; palabra, voz. Mágica alegoría que debemos a la religión, Dios. Por ende “Ser”.

Vivir


Liquidar el dulce

veneno de vivir,
que es,
siempre,
morir un poco.

Leyes de Ciorán


Ayer dictaron una ley que me hunde… o me emancipa:
No estará permitido escribir cosas que se aflijan de la humanidad.
No llegan al fondo de las cosas, ¿no?
Porque, ¿dónde está la verdadera afirmación sino en la negación?
Y se va a sacar de circulación toda la obra de Ciorán.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Sobre la línea existencial entre el lector, el texto, y el autor. Segunda trama.


Si hay alguien leyendo y cree que no estoy escribiendo yo,
entonces significa que  no puedo encontrar este archivo,
que no lo escribí yo.

Lo que podría haber dicho Jaspers

Habría puesto algo así, probablemente de mejor manera:
Porque aunque trate, no llega. Porque ya no sabe lo que es, ni lo que hace. Porque el filósofo se pasa las madrugadas tratando de dilucidar –mediante el pensamiento- la respuesta a la siguiente pregunta, que tal vez no tenga solución: ¿se puede pensar?
El escritor pierde el tiempo tratando de resolver –mediante la escritura- esta distrofia: ¿soy escritor, o tengo dislexia? ¿Soy solamente un verso, un engaño, un cuento? ¿Hay algo con las comas y otras cualidades gramaticales? ¿Tengo algo en el cerebro?
Porque, como Mozart, ya no saben lo que son, ni lo que hacen.
 

sábado, 18 de febrero de 2012

J. L. B.


Repasaba el tomo décimo de la Enciclopedia Británica. Las letras se tornaron borrosas y pensó que tenía sueño. Luego comprendería que, de tanto leer, había quedado ciego.
El hombre siempre tiende a buscarle explicaciones a todo. Imaginó conjuras de entidades desconocidas: tal vez un mago de Ukbar, un sueño de Chuang Tzu, la manía de los espejos, que ahora le estaban vedados. Se preguntó si lo seguirían reproduciendo.
La voluntad creadora, a la larga, siempre logra lo que persigue… aunque no sea real. Así, concluyó que el afán por los laberintos lo había conducido a dar con el más perfecto: sin paredes, sin senderos, solamente oscuridad. Y una única, singular, salida. Diga usted cuál.

lunes, 13 de febrero de 2012

Lo que importa es el continente


La forma no fue justa por buena.
Como en cada ámbito.
Los significados tenían que ser más.
Las posibilidades:
Como Cuánto mide el alma
Lo que sale en ese lugar de escritorio,
cenicero.
El máximo ejercicio de escribir.
Dicen:
Mens sana corpore sano.
Va.
Dicen que a la mente, como al cuerpo,
hay que ejercitarla.
Y sugieren fórmulas matemáticas.
Digo, al alma
-como al cuerpo y a la mente-
hay que ejercitarla.
Y me sugiero la escritura.

El contenido es lo de menos.

domingo, 12 de febrero de 2012

El tema de Freud


También está el tema de Sigmund Freud, quien se avino a la idea de pensar el inconsciente a raíz de un suceso que presenció de joven: Un señor llevaba a su hijo en una alforja; al galope lento. Lo narra él mismo en un papelito caído de su diario personal, que encontró alguien tirado y que conservó otro, descubierto hace muy poco:
“Yo estaba con el doctor Joseph Breuer, ambos bajo los efectos de la cocaína, que probábamos cada tanto para analizar un poco el potencial terapéutico de las drogas. Entonces, vimos pasar a un jinete y a su hijo –suponemos de un año o menos- que asomaba de la alforja. Y Joseph Breuer comentó: ¡Qué inconsciente!”
Así fue que S. Freud se puso a estudiar el inconsciente, no el del caballo, sino el del hombre. Del hombre en general, digo, tampoco el del jinete.
No sabemos si esta influencia trabajó en la mente de Freud de manera consciente o no. Él no dice nada más al respecto, solamente cuenta esa historia. Lo seguro es que un año más tarde de la fecha del acontecimiento –que figura en el diario- Freud da a entender sus primeras ideas con respecto a ese pantano lleno de flores extrañas, como yo lo llamo.

El gran Albert



Siempre recordaba que había escuchado de un amigo que Albert Einstein, “había llegado a la teoría de la relatividad no por la física ni las fórmulas matemáticas, sino porque había pasado mucho tiempo consumiendo opio y floripondios”. Según él, las drogas circulaban por el Politécnico de Zúrich vía Milán. Así, Albert Einstein se habría dado cuenta de que cuando fumaba, el tiempo pasaba más despacio, variaba, y a veces viajaba a su través. Un día se puso a dibujar números y letras y signos y determinó, con autoridad científica y por ende también relativa, que esos números corroboraban –y significaban- lo que decía: Que el tiempo es relativo”.
Nota: De allí, Campbell desarrolló su filosofía médica de que la teoría que dice que las plantas alucinógenas matan neuronas y por lo tanto a largo plazo hacen mal, es un invento para asustar, porque las grandes sectas que intentan ser rectoras del planeta tierra temen que los seres humanos corrientes alcancen pensamientos del nivel de la teoría de la relatividad. Temen no poder controlarlos. Campbell dice: ¿Cómo van a hacer mal las pobres plantas? Las plantas fueron hechas para el hombre y no el hombre para las plantas. Un agrónomo salió con el cuento de la cicuta u otras venenosas para decir que lo que decía era estúpido. Pero Campbell no se amedrentó y dijo que para Alub la cicuta era buena.
Mateo Escroto, bioquímico, conocido mío, demostró, a partir de Einstein pero con fórmulas químicas, que no sólo el tiempo sino también el volumen y el espacio son relativos. La tesis completa está en su libro: Contenido de los continentes. Como la teoría de la relatividad, que también es incomprensible, es fácil de entender si nos trasladamos a las vivencias que lo llevaron a desarrollar su teoría: Un tubo de pasta de dientes de, digamos, 200 c.c. queda casi vacío en una semana. Cuando a ese tubo ya casi no le queda nada, digamos, 20 c.c., dura un mes. ¿Cómo es posible que 180 c.c. duren una semana y 20 c.c. duren un mes siendo que siempre se le pone al cepillo la misma cantidad? Escroto dice que no hay exactitud verdadera en las medidas volumétricas sino que en ciertos estados termodinámicos la química funciona de manera elástica y los compuestos químicos se multiplican según nuestra voluntad genere que el contenido del continente se termine o no. Aunque al final de su libro Escroto dice que “igual todo es muy relativo porque el deseo no puede controlar la voluntad”, su teoría, según otros físicos que la estudiaron, podría llegar a perpetuar el contenido petrolífero y acuífero de la tierra mucho más de lo que se presume. Por supuesto, la mayoría dice que, en algún momento, la pasta de dientes se acaba. ¿Es cierto? Escroto dice que siempre es posible extraer un poco más… Y abusa de la fábula de Aquiles y la tortuga para demostrarlo.



miércoles, 25 de enero de 2012

El fango de los sapos es el pantano del inconsciente


Observé los sapos.
Que se acercaban a las luces de la casa para cenar.
Y dejaban que el rocío que se acumula en los techos
caiga de los aleros sobre sus espaldas.
Soñé que me quedaba sin habla.
O sin manos. O que,
con un hecho insignificante,
perdía hasta la más mínima posibilidad
de los dedos.
Así funciona el inconsciente.
Pero cuando uno descubre las razones
y aquello pasa a ser consciente,
¿se puede cambiar algo?
Porque una cosa es el vislumbre de aquella batea inmensa y negra
como el petróleo que se mezcla con barro,
y otra cosa es hacerlo surgir de la profundidad más oscura,
sacar ese pastoso oleo
–que se pega como la más horrenda diarrea
del alcoholizado durmiendo en la acera-
y trabajarlo con las manos.
Siempre fiel complejo de Edipo.
Tan inconsciente.
Y tal vez, si remuevo demasiado,
descubra que está ahí.
Y que, por temor,
no quiera saberlo.
Porque si llega a estar,
el hecho de no poder sacarla y traerla acá…
¿a dónde lleva sino a la desesperación?
Imaginar que el más allá es el inconsciente,
lo que viene después de la muerte,
lo que es el pantano…
tal vez quitarse la vida.
Lo que me vienen a decir los sapos.
Y después se pierden en el monte para descansar.
Tan bien se escabullen, que ni un haz de luz los toca.
Enterrados en los pastizales, la tierra
y el poco fango que hay;
entre arbustos duros y densos
que son su protección del día.
Es como si los sapos fueran la muerte,
los seres de la noche
noche del fin de los días.
Y los sapos generalmente ven la luz del día
en la vida de su muerte.
O la luz

de la vida
en el día

de su muerte.



Estando


Habría sido mejor
y también hubiera sido mejor,
que nunca te fueras.
Una vez,
en el santuario de Santa Elena,
yo te dije:
el que no viene se queda
y te dije que no te duermas.
Cuántas veces nos enseñaron que las cosas
-después de usarlas-
hay que dejarlas como estaban.
Cuántas veces nos dijeron
o cuántas veces nos han dicho,
nos han ido diciendo,
que no todo lo que reluce
oro puro es del crisol y que,
si en un momento hay que marchar,
lo mejor es quedarse bien quietito.
Porque si atravesamos una puerta
después hay que cerrarla
para que no la cierre el viento.
Porque un temblor común y corriente
puede llegar a provocar el derrumbe.
Pensábamos mucho en el tiempo
porque habían anunciado frio
y lluvia…
Y después te fuiste
sin decir nada.
Mediaron solamente
las miradas,
que expresaron todo lo que cupo expresar:
el terror y la pena capital.
Que no te fueras. Que te quedáras.
Pero no se puede agarrar
–por supuesto-
lo que no tiene materia.
Algo que sabe cualquiera
pero que no se asimila
hasta que nuestras manos
no se mueven patéticamente
en el vacío.
Y me acordaba de mis bebés
que tratában
una y otra vez
de agarrar el chorro de agua.
Ahora se está poniendo feo.
Y era verdad: va a llover.
No estaban equivocados
los que nos decían,
los que nos aconsejaban.
Y, a veces,
de tanto decir las cosas,
pasan,
como si el mundo,
la naturaleza,
se fuera configurando
según lo decimos,
como decía Juan del verbo,
el génesis de la palabra.
Nos alertaron del frío,
nos alertaron de las violetas nubes
del cielo;
y nos dieron un otoño triste
y feo.
Y creerlo lo hace posible
-y manifiesto-
en el hoy y en el acá.
Más allá será mejor;
será peor o no será.
Pero ahora hay que cerrar todo
y esperar que pase el vendaval.
Te tengo acá,
tan lejos que te añoran estos versos.
Y te conozco,
lamentablemente,
lamentarte por lo mismo.
Ahora no podemos hablar.
Estamos muy ocupados.
Pero quiero saber
por qué me dejás tan sólo
si no hay nada que necesite más.
Y si no hay… ¿por qué no puedo configurarte
al lado mío?
Por qué no puedo configurar
el calor y los días.
Dónde se fue el tiempo
de los caracoles y la espuma.
¿Es que cada vez
se va a poner
más feo y
–el cielo-
nunca más nos va a descubrir
ese sol que era el tiempo?
Dónde está el tiempo.
Alguien se lo va consumiendo,
lo va quitando, mezquinamente,
a medida que pasan los años.
Y ya no se puede ni perder,
ni encontrar,
ni pasarlo,
ni ganarlo,
ni aprovecharlo.
El tiempo no está
y,
sin embargo,
nosotros seguimos estando en él,
como condenados.
Agarrar esta capa de tiempo
que nos cubre
 y hacerla jirones.
Quedar libres.
En fin:
Pareciera que planeamos
como las gaviotas
o que flotamos
como un bote vacío
mar adentro
cuando estamos libres,
cuando nos deshacemos de la espada
de Damocles que cuelga del hilo
con el que fuimos tejiendo
los sueños.