viernes, 1 de febrero de 2013

A partir de Borges




Me enseñé alemán para leer a Shopenhauer.
Inglés para descifrar a Tom Waits
Et a la nuit, Il m’a dit:
Can’t resist to lovetime.
Wake up ‘n the mornin’,
grab your things and… gone.
The tone make’s ‘im sad,
not the thougths.
Gone for good
Gone for love
Since to be in other part
Its to be anotherone…
And still be mine
And still be one
And still be our’s.

Damn rose without
Tabaco.
Damn rose without
flouer.
The traffic of red pictures
And in the morning
I’ll be gone.
And life shall be miracle
A damn rose without
Tabaco.

Il m’a dit:
It’s more than glory
It’s more than pain
It’s more than armony
It’s more than sad times
It’s rain and thunder
And the dark earth
Beyonde us.

Il m’a dit:
Give to the devil
What is down in the hole.
keap’im’ waiting down…
very down in your soul.
Soulo,
Suela
Sólo
Suelo
Seul,
Alma,
tierra.
Falta mucho de poesía,
al menos de poesía del alma,
a la música de hoy,
como se puede ver en esta declaración,
que no pretende ser ni poema ni canción.

Franz Lló

domingo, 6 de enero de 2013


Hacemos la plancha como si estuviéramos en el mar muerto.
Estamos rodeados de espuma y de sal. Flotamos.
Retrocedemos en el tiempo y estudiamos todo lo que pasó,
Hacemos un balance entre el debe y el haber.
La naturaleza nos debe las rosas de la poesía;
Le debemos un bosque de acres inmensos.

Termina el día y contamos las ovejas que saltan
el cerco que nos separa. Soñamos momentos
que no se dividen con las horas ni los días.
Arrastramos los miedos y exaltamos alegrías…

Si la alegría y la pena fueran de la razón,
ni Sócrates ni Jesús hubieran muerto en vano.
Ambas son del corazón, y ese músculo se acalambra
o se desgarra con el calor y la fricción,
sus pétalos se dejan caer y se descomponen
y se integran al polvo de la tierra.
Polvo serán, más polvo enamorado.


Como Eça[1] (La mariposa, la rosa y el cardo)[2]



Dormido en la arena, en la evanescencia del sudor tibio de la sal, te amé. Y soñé en la espuma de tu aliento y la sangre sonó en un solo tiempo; y te amé.
Y en el frío invierno gris de los ojos, del grito incesante de las aves, de los rumores que invaden el silencio, te amé. Te he amado.
Te escuché en el mar y dejé las conchas de las eras, en el eco de los acantilados.
Eras el sonido que se va moviendo por las montañas, cuando no hay nadie. Cuando no hay oyente. Te amé en lo absoluto, en lo universal, en la forma platónica.
Te amé en las teclas de los teclados, en las tejas de los tejados, en el aire del cielo; te amé, como el viento es del aire; te amé, en el agua del mar; y te amé, en la luz y en el ser, como Lucifer.
Te amé, te he amado, en las mariposas más que en las rosas, porque no había espinas. Te amé. Te he amado.
Ahora, como Eça, que cantó a Jesús llevándose una mano al pecho, para proteger tus iniciales, te amo. El que llama a la luna sol fulminado, Eça, el que ha amado, como él –amor con espinas- como las rosas, te amo, porque te amé en las mariposas.
Lo que se vuelve eterno puede ser etéreo, o disperso: Mañana será… aunque como metáfora tengamos que usar el cardo.



[1] Eça de Queiroz (1845 – 1900)
[2] Por favor, interprétese este poema de manera optimista. No se diga que no amo. El ser humano que no ama es como un fiambre, o un cuerpo embalsamado. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Un BOrges




La vista que se tiene de lo bueno
y el oído que se aviene a lo malo:
La palabra que dice,
cuando no deja escuchar.
Ojalá BOrges, te conocieramos 
como te conoce el mar.
Y la tierra, y el árbol, y la planta y el pasto.
Como te conocen la letra y la tinta.
Y la textura de la página de un libro.

El paso del tero



Cada segundo de nuestra vida debería ser tan cauteloso como cada paso del tero.
Cada segundo debería ser el paso de un tero cuando busca comida. Parece como si oyera el movimiento de las lombrices.
Pero el temor debería ser dañar a alguien
No ser dañado.
Cómo me gustaría ser más bueno.
Dar cada segundo sin hacer daño. 

El equilibrista



El universo no es más que un estado. Cuerpos que siguen el mismo movimiento porque hay un equilibrio con otros cuerpos. Hay gravedad, pero no la misma que en la atmósfera donde estamos. Hay atracción. Y está la inercia, que quedó de otros estados; y esa inercia contrarresta la atracción de otros cuerpos, para mantener el equilibrio dinámico. Ahora, lo único que se podría llamar dios y posibilidad de existencia para nosotros, es el equilibrio. Con él nacimos; y sin él, morimos. Dios ya no está en el sol, o en el cielo, o en el universo, sino en el equilibrio. No se alteren; vean la historia: dios siempre fue mutando. Un hombre me dice que dios no es el equilibrio sino el equilibrista. Y que por eso hay un demonio que promueve el desequilibrio. Si el humano cree que la vida no es eterna, entonces afirma que dios es más débil que satanás, lo cual es pura sanata.

12-12-12



El 12-12-12 un doctor estaba en su oficina, tipo siete de la tarde, cuando se le apareció dios y le dijo que indagára todo lo que quisiera. El hombre preguntó: Quién es.
Dios dijo: Es el que es. Luego le volvió a ofrecer que hiciera preguntas.
El doctor, que era pietista, tenía miles de preguntas sobre el juicio, sobre la existencia, sobre el sentido, sobre las tres palabras que susurró Cristo al oído de Pedro.
Él mismo se las formulaba a diario.
Sin embargo, ahora lo tenía allí, disponible, abierto –majestuosa teofanía-, y no tenía nada que preguntar.
Dios dijo: ¿Nada más?
El doctor dijo: No, nada más.

Un lazarillo se queda ciego.



Lázaro, muy maltrecho por los tres días en la cueva, vino y le dijo a Jesús: “Tanto tiempo en la oscuridad que cualquier luz me deja ciego. Me gustaría que termines bien lo que empezaste mal.” Jesús le dijo: Otra encarnación de la nada. Acá tenés este bastón, que te sirva de lazarillo, que algún día, cada ciego va a tener su monaguillo.

Mi bautismo



Cuando era chico me encontró Farías, gran profesor de biología, que trabajaba también en el Conicet, o lo encontré yo, en el baño, o en el patio, y le dije que tenía un tremendo dolor de cabeza. Le pedí una cafiaspirina. Dijo que era mejor no tomar y, en el baño, me ayudó a poner la nuca debajo del chorro de agua. En parte y por un rato, se me pasó. El hombre me había bautizado. Una rara encarnación de Juan, pulcro, pelado, de guardapolvo blanco, que manipulaba con la voz mitocondrias y emisarios, como epígramatico de la resignación, en un pequeño Jordán, con cerámicos y luces de neón.

El instante





Ay. Cuánta mentira nos venimos comiendo hace tiempo. No por culpa de ellos sino nuestra. Por creer que puede haber algo cierto, un solo saber; por no captar que lo único que importa es el pero. ¡Ay, lo que significa el pero! Aún más que el qué. Pero…

*

El pero siniestro y errado que torna las preguntas y la vida en infinitos, borrando cualquier atisbo de objetivo. ¡¿Cómo puede uno perseguir un saber, sabiendo que los peros son infinitos?! Pero quizás no sean infinitos.

*

El pero interminable. Porque el pero es la respuesta obligada a la respuesta. Y la pregunta de la pregunta. Lo que se dispersa. O lo que es disperso. Como pedazos de existencia que se van perdiendo. Como pedazos que dejan de ser, de existir… ¡Cómo todo se va volando! El instante, entendido como presente: lo único que existe. A lo Horacio, a lo Hume según Borges, a lo Borges mismo; a lo Shopenhauer, Berkeley, Heráclito, Whitman, Alub.
Todos polisofistas, de polisofía. Todos diciendo “imagino”, a sabiendas de lo infinito de los peros. Todos buscando el saber como quién imagina el unicornio. 

*

Al tiempo hay que poseerlo. Alub dice de perderlo. No puede ser que el tiempo lo posea a uno, porque sólo existe el instante, el presente: si el que somos hoy, mañana no es, ¿por qué nos vemos hacia el futuro e imaginamos un pasado?
Pero sería raro que imaginemos un pasado con tantos hechos. Eso fue… aunque no sea con tanto ser como el presente. Por ello es también más lógico pensar que el futuro también es, con la misma vitalidad que el pasado: ambas tienen un fin: uno la muerte, la otra el momento previo a la unión del espermatozoide con el óvulo. El pasado, no tiene más ser que el futuro. Ninguno “es”, propiamente dicho, uno será y el otro fue, tiempos verbales, nombres paradójicos para el propio ser. Pero el presente, el instante tan diminuto como quieran imaginar, como una millonésima de milisegundo o, más fácil, un número periódico en el 0, es eterno, absoluto.

*

El pasado y el futuro tienen una realidad que vive sólo en el presente: El recuerdo y la imaginación, la historia y la presunción. El presente debe vivirse recordando e imaginando. Además de ser algo inevitable, resulta necesario para la biología. Planificar es importante para que el instante sea agradable. Por eso hay que tratar de no imaginar desastres, ni recordarlos. Todo siempre depende de algo tan simple como el estado anímico del instante.

*

El instante absoluto debe ser lo único importante para el pensamiento, para que entendamos el valor que tiene el pensamiento. Para poseer el tiempo y que no te posea. El tiempo tiene que ser como la música: Hermafrodita.



martes, 18 de diciembre de 2012


Son tantos los pecados, que el hombre tuvo que inventar un purgatorio –dilatado hasta la posibilidad de ser casi eterno-, donde el hombre expía todo lo que puede ser expiado. Tan grave es el arrepentimiento que padecemos, que el deseo de volver sobre los pasos provoca tanta ansiedad como el hecho de ser mortales.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Fragmento N


En verdad no se puede discutir con un hombre sabio, dijo Alub. Porque como sabe demasiado bien que es imposible saber algo, no discute, jamás entrega una opinión.
“Pero –preguntó el hombre-, saber eso, ¿no es saber algo?
Y Alub le dijo: Yo nunca dije que fuera un sabio.
Y dijo:
¿No veo, no toco, no oigo y no hablo? El verdadero sabio es ciego y sordo, no puede sentir nada ni con sus dedos ni con su lengua; y tampoco habla. La verdadera sabiduría está después de la muerte, en donde no hay nada, y en donde nadie ve, nadie toca, nadie escucha, nadie habla; en donde nadie es. 

Dios vuelve a convertirse en un extraño hincha pelotas.


Cuando dios le dijo a Noe que construyera una barca y subiera con su esposa porque iba a inundarlo todo, Noe pensó en quejarse: Señor, que dijiste a Abrahán que matara a su hijo, y al final que no; que dijiste a Caín que matara a Abel, y Abel fue aniquilado, yo te pregunto: Cómo voy a hacer para no subir también a las otras. Pero dios no lo escuchaba. También pensó en construir un escondite en la barca y salvarlas del destrozo. Pero como dios estaba dentro suyo, ya se había enterado. ¡Ya era condenable! Tampoco construyó un compartimento para sus amantes. Así, Noe tuvo que conformarse con una mujer. Y así, la humanidad, pensó que estaba bien. Había pasado con Adán, y pasaría luego en Babel.

Historia universal desde el siglo X a. e. c. al siglo XVI e. c.



Salieron en sus caballos a perseguir a los beduinos, asentados en el valle del hebrón, siempre esperando peregrinos para el asalto. Y si había peregrinas, mejor. Si pudieramos violar hoy una niña… una cristiana con el culo recién formado, que es el momento a partir del cual la cadera se prepara a recibir la carne humana.
Al menos los beduinos somos así, dijeron, porque la mujer es la forma de dios.
En la huída, un beduino se asentó en la montaña.
Los cruzados habían tomado la villa y hacían lo mismo con las niñas de los beduinos, porque decían: La misma ley de Abrahán es la de Bizancio.
En la montaña, el beduino se encontró con un griego amante y filosofante de Cristo. Los griegos estaban un poco separados de los cruzados de europa y Bizancio. Aún así, ambos agarraron una roca y cuando pensaban cada uno en la defensa de sí mismo, las rocas se convirtieron en agua. Y pronto pensaron en el maná. Tomaron rocas y llenaron sus envases.
Cuando se disponían a marchar, cada uno por su lado, apareció un espino prendido fuego. ¡Zarza!, gritaron. No sólo quema, también corta, ninguno la puede llevar. Vamos a tener que quedarnos a escuchar.
Al otro día, se cerró el cielo con nubes y en la penumbra creciente, anocheció. Entrada la noche, hartos de convertir rocas en agua, se abrieron las nubes en un hueco y dejaron ver una estrella. Como un granizo que venía desde ese agujero, con una ráfaga hedionda y fría que voló las vestimentas, una voz de estruendo, que duró lo que un rayo, dijo: ¡Me cansé, ya no vengo más, anuncien esto a los pueblos!
Sin embargo, luego de la muerte de Juana de Arco, vino Gilles de Rais. Violaba y degollaba cuando aparecieron Margarita y Catalina de Alejandría. Enseguida, Rais comprendió que eran las mismas que se le aparecían a Juana, por la transparente incidencia de la luz, y por salir de la nada. Colgó el orbe de la nada. Agarró con su mano el garrote y dijo: ¿Por qué no?
Gilles de Rais violó dos ángeles, o eso al menos pensó, como consta en sus memorias. Pero todo como si fuera una entrega de dios: Catalina se desprendía los botones y enseñaba sus senos, la otra santa se metía el nabo de Gilles en la boca. Los ángeles se entregaron completos al hombre y desaparecieron en la misma espesura de la nada.
Gilles estuvo tirado en el piso dos días. Cuando se levantó, se fue a vivir a Jerusalén; a decir que la apariencia divina es la mujer.

Esta historia universal iba a ser editada en el 2002, en doce volúmenes, por la editorial Janneo, pero debido a que el autor, Don Federico Cabral, no quiso ceder ante la demanda de la editorial, a saber: que en un libro de historia no podía figurar la palabra culo, nunca se editó.



Crear en tu ropa, donde se revuelven los versos.
Crear el lento salir del humo.
Crear un objeto sin valor,
con objetos desvalorados.


Crear algo que sea lindo.
Algo que no exista en el mundo.
Unos versos deudores del momento.
Una forma de Diego Maragna.
Una parte de la existencia.

Aunque el día haya pasado para todos,
Crear es el propio mundo:
Se crea a cada segundo.
(Ser conscientes del arte de cada uno
es ya vivir bien).


Louis Armstrong playing “Weap”
The clouds sourraunding grass.
The magestic ground we walk
Whith a stick stuck in the ass.

La ley redentora


Ya lo analicé tanto,
Que llegué a la conclusión
De que son infinitas las razones
Que nos llevan a ser lo que somos:
Cada segundo que pasa.
Así debe ser,
Porque la ley primera es amarse a sí mismo.

Cuando al alba seamos el tiempo dormido,
sin dolor y sin pesar;
El cielo va a estar en los ojos
Y el amor, en una simple sonrisa.

Frag.


Un hombre le dijo a la mujer: Cuando deje de hacerme el amor a mí mismo, vas a ser el amor de mi vida. Alub, ante la demanda de la mujer, le dijo: Igual tiene que ser para vos. Alub la condujo a la tapera y le dijo que se tocara. Y la mujer gemía la verdad húmeda y sincera y en el envión, acariciaba el cuerpo de Alub, y lo ungía con su saliva. Después, Alub le dijo a sus discípulos: Vine a curar antes a la mujer que al hombre. Algunos que oían la transmisión de lo que había dicho, decían que era machista. Alub le pidió a los discípulos que salieran por los pueblos a comunicar que no los entendía, siendo que amaba más a la mujer que al hombre, y que su remedio era hacer el amor. 

When the morning comes
Gonna be sleeping running times.
Whithout any pain, without any harm.
Sky will rise fullfilling eyes.
And love will be just a smile.

Pas que la poesie
-au fin du temps-
c’est toujours
de la femme.

La mujer sonríe y pregunta:
Pas de la gloire?

Frag. P6


Qué habrá pasado, que terminaste cuestionando tu vida. Y cuestionando la vida. Cuestionando el amor, la alegría, la tristeza; los pensamientos, las ideas; la posibilidad de tu propia existencia, o la de alguien más. La algarabía, el ocio; hasta la quietud con que vuela la mariposa. Hasta el mar. Hasta donde el estar llega.
Alub buscó una hoja y dijo:
Eso que seas,
seguilo hasta el infinito,
por más dudoso que sea.
Porque si hay duda, hay guía.
Si no hay duda, no hay interés ni ayuda.
El problema viene de lo seguro:
Es como una escalera,
que ahora se reduce.
Hasta ser nada.
Ahora,
ya.
Pero nadie entendía porque ellos escuchaban, mientras que Alub leía.

domingo, 7 de octubre de 2012


I remember all the pain. Always rain. It will never happen again. Nou. What is it gonna be. What is it gonna hap. Qué es lo que te va a pasar. De vos avec muá. De ti con yo. De yo contigo. De vos conmigo. El día de una de las bestias. El día del hombre. El día del can. El día en que mirar al sur sea escuchar. El día en que la mujer mine el cobre. La detonación y el horadar de la roca. El movimiento. El descorrimiento de la roca que tapa la roca. La resurrección de la religión que es esa roca y que se funda en otra roca. La roca donde se yerguen las rocas de Jerusalén. La clasificación de los que despiertan. De los que cavan un pozo. De los que aman el reposo… porque el reposo es la muerte. El día en que se sepa el amor igual a ella. Y la muerte igual a él. El día en que el no y la nada sean conocidos como lo único que es pleno. El juego que nunca se gana. El espectro donde se absorve todo lo que está iluminado. Le jour de Camille Beausein. Le breast del desert. Lepen. Lebread. El pan ácimo y la cima del vacío. El trabajo. J’aime le plein. J’aime la dulce espera de la mort. La felicidad del que quiere la muerte. Que la ama, Qu’ l’aime. Ay, la mort. So sweet. Nou harm. Nou pain. Nou rain. Nou clouds. Nou fuck’s.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Soy el que soy



A Kiko


Yo soy una escalera por donde no se puede bajar ni subir.
Soy un recipiente vacío.
Yo soy el que habla para no decir nada.
Yo soy el círculo que empieza y termina.
Yo soy un libro de idioma desconocido.
Soy el idioma que nadie habla.
Soy el sonido que no se escucha.
Soy el grito silencioso.
Soy la única regla que no mide.
El enigma que no hay que descifrar…
Soy el que predica lo imposible.
Una pregunta sin respuesta.
Yo soy una puerta sin paredes.
La pileta sin agua.
Un estanque vacio.
Una soldadora que no suelda.
Una lámpara sin foco.
Yo soy un juego sin dados,
el billar sin tacos.
Yo soy una cuerda sin aire.
Yo soy el que no espera y el que espera todo.
Yo soy el que dice sin habla.
Yo soy el que expresa sin acta.
Yo soy lo que sería callar.
Un naipe sin número ni letra.
Una letra sin código
Soy el que no pertenece.
Si no se entiende,
es porque soy el que dice:
Que no entiendo nada,
es lo único que sé.



lunes, 10 de septiembre de 2012

Formatos

Prefacio a Fragmentos póstumos autobiográficos: Manifiestos de café en servilletas.
Por Danilo Ingrasia.
Recopilación de Camille Beausein.



Parece mentira que nadie sepa quién es. Si yo les nombro ese nombre, nadie va a encontrar una referencia. Si uno lo pone en el buscador, no encuentra más que un repostero, algo sobre bádminton, un documento del vaticano en latín y otras entradas que no tienen nada que ver con el poeta. Se podría decir, entonces, que Danilo Ingrasia fue un escritor no reconocido; pero se verá que más acertado sería decir que fue un escritor sumamente reconocido… en su poesía, no en su persona… como un anónimo.
Argentino. Empezó a escribir en servilletas, un poco para no gastar en papel y otro poco por el desprecio de las publicaciones, del moderno canon de ventas literario, de lo valorado por las mesas de las librerías. Según él, cruzó el Atlántico en una canoa. La cosa es que aparece viviendo en París, en el 87. Allí se internaba en los cafés, como Sartre y tantos otros en el planeta y la historia, y con sólo pedir el pocillo más barato, abusaba de la famosa hospitalidad francesa: no sólo se pasaba el día ocupando una mesa sino que consumía la totalidad de servilletas. ¿Qué se puede escribir en una servilleta, por Dios? Poemas, haikus, sentencias, relatos muy breves. Pero también una novela, o los Diálogos de Platón, si las servilletas pasan por fragmentos. No le importaba que fuera un soporte poco perdurable. De hecho, no le importaba la inmortalidad sino la mortalidad. Morir en un curioso, o en un simple gesto. Le importaba el presente, digamos. A veces se iba del café y se quedaba mirando a través del vidrio, disimulado y oculto, para ver qué pasaba. Y tuvo que enfrentarse –la mayoría de las veces- a un puño que estruja el corazón y lo tira como si fuera basura, al tacho. Pero le bastaban aquellas ocasiones en que alguien se tomaba un segundo para leer. Y lo llenaba si veía en la cara de ese lector, en su mirada, un interés, un suspiro, un extrañamiento, una sonrisa.

Si el objeto de todo lo que hace el ser humano, consciente o inconscientemente, a veces de los modos más rebuscados, a veces de los modos más equivocados, es por amor; entonces Ingrasia había logrado el objetivo: Camille. Moza. O camarera. Dejó la bandeja en la mesa y se sentó, despreocupada del severo can que pasaba las láminas del diario. Y leyó las servilletas. Ingrasia estaba en la vereda de enfrente, detrás de una morera.
Estuvo sentada un buen rato. Sonreía. Hay muchas sonrisas. Aquella era similar a un descubrimiento que provoca esa compasión o felicidad que ni uno mismo puede entender, paradójica felicidad que da la tristeza, saber –en una repentina exaltación intuitiva- que existe la belleza.
Momentos inciertos como esos se dan de mil maneras diferentes. A veces, va más según el estado anímico que atraviesa quien lo siente, que por lo que ve en sí. Me pasó por la cara esa sonrisa al leer una revista dedicada a René Goscinny. Me pasó con películas de Doris Dorrie; también con una mirada de mi hijo después de retarlo. Plenitudes que llenan.
Ingrasia la veía y vio cómo la cara se le iba deformando y, aunque no veía las lágrimas, se dio cuenta de que estaba llorando. Camille se pasó los dedos por las mejillas y supuso que era para secarlas. Justamente, los poemas que había escrito ese día, eran todos sobre el agua. Gotas, lágrimas. Lloviznaba. Ingrasia se había sentido lavado, recuerda, en la ducha, con ella, llorando de amor.
Camille se había guardado las servilletas en el bolsillo del delantal. Miró el fondo del pocillo de café antes de ponerlo sobre la bandeja. Allí vio sus ojos, a futuro. Él entró y dijo: “me olvidé la propina”. “Pensé… esto…”, ella, pero al final no dijo nada.
Y Camille nunca, hasta el día de hoy, se enteró de que él la había visto llorar. Y ella nunca le contó que había llorado. Tampoco le contó algo que yo no debería saber y que le quiero hacer saber a usted, que no conoce a Camille: esos poemas eran tan fuertes que ella, a la tarde, fue al baño, sacó los papeles y, pensando en el sensual movimiento de la birome, en la mirada baja y caída de Ingrasia, en los versos como agua mojada, inexistente fuego que se apaga, la mujer Camille -¡cómo te amamos, Camille!- suspiraba y brotaba desde la procreación. Tanto amaba esa mujer. Tanto. Y sonreía de cómo puede mojarse el agua y hasta llegó a pensar que su fuego se quemaba.
Las servilletas. Desperdigadas por los basurales parisinos, por las calles, como las colillas de los cigarrillos.
(Pero… ¿Camille leía castellano o Ingrasia escribía en francés?) No importa. Hay un pacto, entre usted y lo que quiero contar. Hubo un poeta inglés, William Shakespeare. Él dijo: Pasar el tiempo preguntando por qué el día es día y la noche, noche; no es más que desperdiciar día, noche y tiempo. ¿O piensa que Danilo Ingrasia verdaderamente existió? Por supuesto que sí. Es una historia real, demasiado, y por eso cualquier semejanza con la realidad es pura casualidad.
Por eso tampoco importa mucho cómo llegó Gaspar Potemkin a leer ciertas servilletas. Los indicios son pocos. Lo seguro es que necesito introducirlos en la temática: Potemkin era y es empresario de las servilletas y su empresa fue la primera en introducir grabados en el papel. Empezó con figuras abstractas, como firuletes. Después pasó a las recetas de cocina. La metodología tuvo mucho éxito y la gran mayoría de las empresas de servilletas domésticas en el mundo copiaron la idea para las líneas de gama más alta de sus producciones. Potemkin, que nada tiene que ver con el acorazado más que la casualidad, que en el fondo es lo que une todas las cosas y que por ende podría decir que tiene todo que ver con él, por casualidad, también, llegó a contactar al errante D. Ingrasia.
Durante toda la década del noventa, Francia (también parte de Europa) estuvo consumiendo servilletas “Potemkin”, línea Arscript, grabadas con poemas, haikus y microrelatos, de Danilo Ingrasia. El éxito fue considerable. Las ventas aumentaron. Potemkin le pagaba como a un tercero. Luego lo contrató. En el acuerdo que hicieron se manifestó que no iba a aparecer la gracia del autor, es decir, que serían poemas anónimos.
Como ven, la historia es: Danilo Ingrasia fue un autor sumamente leído, pero no reconocido. Bueno, las servilletas en el mundo globalizado de hoy siguen el mismo camino que los libros: algunos son leídos, otros no, pero casi todos terminan siendo basura.
Esta edición facsímil de servilletas reúne su autobiografía. Trescientas veinte páginas equivalen a trescientas veinte servilletas, que Camille fue acumulando y que hoy componen esta edición que, por razones obvias, nadie va a leer.